domingo, 20 de abril de 2008



Que terrible haberte encontrado!

viernes, 4 de abril de 2008


waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
(Y)
saludos andres!

A fine day to exit



Tiempo peligroso...
he tenido tiempo de sobra para perderlo,
tiempo para malas calificaciones,
tiempo para malos tratos,
tiempo para humillaciones e indiferencia,
tiempo para injusticias
me voy a caer de nuevo...

siempre hay tiempo pa recordar a tanta gente que vale la pena...
es una lastima que los vea, tan poco...

Anyone, Anywhere - Anathema

viernes, 1 de febrero de 2008



In einer dunklen Stunde, ach, alle Stunden sind dunkel hier. Aus einem Becher von zartestem Flieder trinken wir Tee allein mit mir.

jueves, 10 de enero de 2008


Instantes

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataria de cometer mas errores.
No intentaria ser tan perfecto, me relajaria mas.
Seria mas tonto de lo que he sido,
de hecho tomaria muy pocas cosas con seriedad.
Seria menos higienico.
Correria mas riesgos,
haria mas viajes,
contemplaria mas atardeceres,
subiria mas montañas,
nadaria mas rios.
Iria a mas lugares adonde nunca he ido,
comeria mas helados y menos habas,
tendria mas problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivi sensata
y prolificamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegria.
Pero si pudiera volver atras trataria
de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso esta hecha la vida,
solo de momentos; no te pierdas el de ahora.
Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termometro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaidas;
Si pudiera volver a vivir, viajaria mas liviano.
Si pudiera vivir nuevamente comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daria mas vueltas en calesita,
contemplaria mas amaneceres,
y jugaria con mas niños,
si tuviera otra vez vida por delante.
Pero ya ven, tengo 85 años y se que me estoy muriendo.

Jorgue Luis Borges

Querido Viejito Pascuero, acuérdate de mí. Porque no sabes lo bien que me he portado tanto en la casa como en La Moneda.

Te digo esto, porque sé que va a sonar raro, pero no quiero pedirte que me traigas nada para esta Navidad.

Bueno, lo primero es que quiero que te lleves a todo mi gabinete. Salvo Vidal, claro, que lo ha hecho estupendo estos diez días (claro que a ratos me parece que si sigue así me va a terminar opacando hasta a mí).

Además me gustaría que te llevaras el Transantiago; ese "regalito" griego que me dejó mi antecesor y que ya me tiene llena. Imagínate, viejito, que esta semana tuve que rechazarle la renuncia a mi ministro de Transportes, que no ha sido capaz de arreglar el sistema y que, por el contrario, gasta más y más plata. ¿Por qué no le acepté la renuncia, entonces?, te preguntarás. Bueno, porque nadie estuvo dispuesto a reemplazarlo. Salvo Lavín, es cierto, que lleva varias semanas ofreciéndose para ser ministro de cualquier cosa. ¿Le doy un ministerio? ¿Qué opinas? La lata es que ya no le di Transportes, porque no puedo aparecer confirmando a Cortázar en el cargo un día y cambiándolo poco después. Además, poner ahí a Lavín es una ironía que muy poca gente entendería.

Confieso que todo esto es bastante agotador. ¿Te puedo hablar al oído brevemente, sin que nadie se entere? Eso, así. Dime, ¿será muy feo devolver la banda?

Espera un segundo, no te agites. Ocurre que ya me tiene chata. Nunca imaginé, como diría Carlos Pinto, lo que era de verdad tenerla. A ver, momento, no vayas a creer que me refiero a la banda presidencial, que me encanta, sino a la banda de música "sound" que me regalaron en un CD pirata mis compañeros socialistas.

¡Ah!, y hablando de mis compañeros socialistas: ¿me puedes quitar el carnet de militante de ese partido? Porque ¿has visto cómo me han tratado esta semana? Todo porque autoricé a Codelco a recurrir a los tribunales para impedir que tengan que contratar como a cinco mil trabajadores que hoy son externos a la compañía. Con esos amigos, uno empieza a mirar con otros ojos al bonachón de Lavín (ya pues, viejito, ¿le doy un ministerio?). Imagínate que hasta mi amigo Camilo Escalona me anda criticando por la vida.

Para serte franca, la DC también me sobra. Dime, ¿cuánto le aporta ese partido a mi gobierno? Puros líos y peleas internas. Te lo puedes llevar, también.

¿Sabes qué más? Parece que te voy a hacer un pedido, ahora que lo pienso mejor: volver al pasado, hasta el día aquel en que se me ocurrió subirme a un tanque Mowag después de un temporal. Sólo eso quiero. De ese modo, escogería irme a pie. Y quizás este diciembre te estaría pidiendo, feliz de la vida, solamente una cámara fotográfica nueva.

Joe Black (Diario el Mercurio domingo 16 de diciembre 2007)



:B yo quiero ser el hombre silla...

Cirque du soleil.

martes, 8 de enero de 2008


El Viaje

"Nada tiene que ver el dolor con el dolor/ nada tiene que ver la desesperación/ con la desesperación/las palabras que usamos están viciadas/no hay nombres en la zona muda".

Un hombre y una mujer avanzan por un camino vacío, un lugar en la montaña donde abandonan a los perros. Avanzan en silencio, y él se repite a sí mismo esos versos, siempre los citaba en sus clases, en sus artículos. Ahora los versos de Lihn laten en su sangre, en su sien, no son sólo palabras. Quiere abrazar a la mujer, que es su mujer, y quitarle ese dolor que la traspasa, sanarla con lo mejor que tiene. Pero sólo tiene palabras, y él ya sabe que no sirven. Ve a decenas de perritos abandonados que salen al camino a buscar comida o agua. Y piensa: "¿por qué los hombres abandonan a los perros aquí?" Dos amigos del alma los llevan, como quien transporta a unos heridos a una posta de urgencia. Han buscado todo tipo de socorro, han acogido todos los abrazos, todas las cartas, las flores, los consuelos de tanta gente, tal vez por eso todavía están vivos. Pero nada puede quitar ese dolor que no tiene que ver con la palabra dolor. ¿No hay nada en este planeta que quite esta pena que los ha sacado del mundo, que los ha lanzado como hojas batidas por el viento fuera del tiempo y del espacio? Sólo el amor los había llevado tan lejos, ahora el dolor los hace flotar en esta irrealidad, como si fueran extraterrestres caminando por un planeta desconocido. Pero avanzan, no puede ser cierto que puedan caminar todavía, son llevados lejos de la ciudad a un lugar donde los esperan. Un monasterio de monjas de clausura. ¿Tú a un monasterio de monjas de clausura, a esta hora de la mañana, mientras abajo, en la ciudad, la vida de todos los días continúa? Los perros abandonados te miran desde la orilla del camino polvoriento. Su mirada está tan vacía e inexpresiva como la tuya. Cierras los ojos. Tu hijo está al fondo de la piscina. Tomas la mano de tu mujer para no caer al abismo que se abre a tu costado. Entonces, alguien abre un portón: es una monja pequeña, sonríe, "parece un duende" -piensas. Los hace pasar a una sala. Afuera casi no hay brisa, el calor del verano parece volver todo tierra baldía. La sala es fresca, detrás de las rejas 14 monjas de clausura te esperan. Se acerca a ustedes, los recién llegados, la que parece ser la madre superiora. Lleva anteojos negros, te dice algo muy preciso al oído, te abraza. Entonces lloras. Sientes que puedes por fin llorar, impúdicamente, ante esas catorce mujeres, y que has cruzado un umbral, fuera del mundo, donde todo es nada. Parece que ya hubieras vivido esto antes. El agua de vertiente con yerbas que te sirven y que calma tu sed. Las canciones que te cantan, las palabras dulces, esenciales, necesarias que te dicen, cada una de ellas, hadas de una iglesia que tú sentías vacía, fría, de discursos, de piedra.

Y el tiempo que parece detenerse, por fin. Tú y tu mujer, que vienen del infierno, parecen sentados ahí en la frontera del Paraíso y esas mujeres que te cantan y abrazan, que no predican, podrían ser las guardias fronterizas de algo en lo que creíste hasta que se acabó la infancia. Estás impaciente -tú que hace una hora ya no esperabas nada-, quieres que te abran la puerta, quieres entrar al jardín, donde encontrarás a tu hijo jugando entre el toronjil, la melisa y la menta. "Las almas de los niños muertos vienen a jugar a los monasterios"-te dicen. Tú quieres jugar con esas almas, miras a tu mujer y sientes que comienzan a flotar, como en la escena de Solaris de Tarkovsky, esa película con la que sellaron su amor hace años. El monasterio entero es una nave espacial que los llevará de regreso a casa; miras por una ventana y ves a los perros aullando, con toda la desolación del mundo, aullando a la nave de las monjas astronautas.

Cristián Warnken